LEYENDA DEL PUEBLO ENCANTADO

Corría el año de 1920, las heridas de México revolucionario aún no sanaban.

 

El pueblo de Tlazala, por aquel entonces Iturbide, se encontraba casi despoblado, sus habitantes habían partido por la guerra y apenas regresaban, quien hubiera pensado que aquella soleada mañana se encontrara entre nosotros como si ayer hubiera sido a aquella joven pareja de esposos que vivían tan solo para el campo; trabajando la tierra y recogiendo sus frutos.

noc3a9-lec3b3n-calle-de-un-pueblo-con-ge

Era alrededor de medio día cuando el hombre de la casa, habiendo almorzado ya, decide ir al cerro de San Pablo, en busca de algunos costurones para hacer el corral a su burro, se encontraba aparejando a este cuando su mujer le pide ir con él, puesto que quería recoger algunos hongos para que los comieran de vuelta, el señor no la quería llevar puesto que ella aún no almorzaba, por lo que ella agitada contesta con dos tortillas que me coma y tantito pulque está bien, ni café voy a tomar; por lo que juntos terminar de aparejar el burro y emprenden el camino.

Avanzados ya en el monte, al ir recogiendo hongos, la mujer tropieza y entre dientes dice algunas maldiciones, cuando mirando hacia abajo, a flor de la tierra observa una losa de piedra, la cual se sujetaba a una argolla; valiente la mujer tomo la loza y la levanto.

 

Sus ojos no creían lo que estaban viendo en ese momento, al interior visualizo muchas casas con luz, escucho cantar a algunos gallos, atónita le grito a su esposo, pues adelantado al lomo del burro iba, al voltear a ver a la mujer soltó la argolla que con fuerza sostenía; mientras su esposo bajaba del burro y corría hacia ella, la loza que tenía la mujer desaparecía.

 

Al llegar este a su mujer pregunto qué había sucedido. ¡Había muchas casas, los gallos cantaban!, argumentaba la mujer. Mientras el buen hombre repetía “hubieras aventado tu reboso, la canasta o tan solo hubieras escupido, pues habrías desencantado el pueblo”.

Y es así como esta leyenda de generación en generación ah venido hacia nosotros. La tradición oral nos dice que para desencantar al pueblo hay que subir al cerro de san Pablo, en una atmosfera soleada y con lluvia, para que el arcoíris se encuentre presente; habrá fiesta con músicos, baile y comida. Una joven mujer deberá desenredar su pelo con un peine de hierro, esperando el momento en que un rayo caiga sobre el peine. En ese momento todos morirán y solo así el pueblo de desencantara.