LEYENDA DE LA CUEVA DE CAIDENI

Es una de las leyendas más famosas de la región, la cueva de Caideni, palabra otomí que se traduce como junto a la flor o rosa, se dice que hace muchos años una partida de bandidos tomo como una morada la cueva de Caidenì, ubicada en la barranca del mismo nombre, junto al cerro de los Tejamaniles.

 

En ese lugar, al que podían incluso entrar incluso montando a caballo, guardaban el producto de sus robos y asaltos llegando a acumular grandes cantidades de monedas de oro y costales llenos de finas joyas.

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En uno de los asaltos fueron sorprendidos por representantes de la ley, pues el gobierno ya los buscaba porque sus correrías resultaban insoportables, todos los bandidos fueron aniquilados sin que quedara un solo vivo.Las almas en pena de los malvados seguían considerando el producto de sus hurtos, como su mejor tesoro y provocaron un derrumbe que tapo la entrada de la cueva, aunque la rosa que estaba junto a la entrada, era tan bella que no pudo ser destruida por la negativa influencia de esos malos espíritus.

Se dice que esa planta permaneció floreciendo durante muchos años, como indicando el lugar en el que el hombre bueno y limpio de alma, podía encontrar un inmenso tesoro librar al mismo tiempo del suplicio de no poder descansar en paz, a las almas de los bandoleros que vagan en las cercanías de la cueva cuidando bienes materiales. La rosa se secó, perdiéndose así el único punto de referencia para encontrar la entrada a la cueva.